domingo, 28 de abril de 2013

Mil y una formas de embromar al cónyuge por plata



La infidelidad en los afectos es tan antigua como la especie humana. Hoy, incluso, se la ha elevado a la categoría de espectáculo. De la infidelidad económica se habla menos, pero puede resultar una forma de traición particularmente dolorosa, porque siempre media premeditación y alevosía.
BACK TO BACK. Cuando Cristina se separó de Santiago, su marido, le envió un abogado para reclamar su parte de los bienes, todos incluidos en una sociedad anónima que compartían.
Santiago ofreció sin titubear el 50% de las acciones de esa sociedad anónima, que contenía la casa que ambos compartieron y la empresa familiar, una pequeña fábrica.
Esos eran todos los activos, además de una cuenta bancaria algo flaca y un par de automóviles.
-¿Y la empresa tiene deudas? -preguntó el abogado.
-Eso averígüenlo ustedes -respondió Santiago.
Sorpresa. Resultó que la pequeña fábrica de la que vivieron durante años tenía un pasivo (deuda) de un millón de dólares con una entidad financiera local, garantizado con una hipoteca sobre la misma fábrica y otra sobre la casa familiar.
Cristina rechazó las acciones de algo que valía nada, aceptó una pequeña partida de dinero mensual y se quedó en la casa hipotecada con dos hijos del matrimonio, un auto en el garaje y el perro.
Pero en un país en que abundan los empresarios opulentos con empresas fundidas las cosas no suelen ser lo que parecen. De hecho, la deuda de la fábrica, un millón de dólares, estaban depositados en otro banco a nombre de Santiago, no de la sociedad anónima.
Santiago había hecho algo que en el mundo de las finanzas se llama back to back (espalda con espalda): debía un millón pero tenía un millón, una fábrica y una casa cuyas hipotecas podría levantar cuando quisiera, y dos autos y un perro, además de dos hijos y una exesposa empobrecida.
Estos son hechos rigurosamente ciertos con nombres rigurosamente falsos.
IMPUNES E INFIELES. No solo los hombres engañan a sus mujeres. No ocurre siempre así ni en amores ni con el dinero ni con los objetos.
Algunos hombres se entregan atados de pies y manos: ponen todos sus bienes a nombre de su cónyuge, ya sea por razones profesionales -temen juicios contra sus bienes, como los arquitectos o los médicos, que sueñan que se les cae un edificio o se les muere un paciente por mala praxis-, por ponerse a salvo de una esposa anterior o por puro e ingenuo amor y confianza.
"Esos no se pueden divorciar nunca", dice alguien experto en estas lides. "Y esas mujeres, a cuyo nombre están todos los bienes de su marido, suelen ser las más infieles", afirma: "Se sienten impunes".
Un día pueden marcharse lejos y dejar a su cónyuge cubierto apenas con una hoja de parra. Él, parafraseando al poeta, maldecirá su estupidez y llorará por lo que era suyo y resultó ser nada.
LA MITAD DE LO AJENO ES MIO. Otro caso de pillaje femenino: hay cónyuges que en sus cuentas bancarias tienen también dinero de terceros -hermanos, padres, amigos, socios- depositados en confianza. Y cuando se separan la mujer pide estrictamente la mitad de los bienes, aunque sabe que una parte no le pertenece.
Cierta vez un matrimonio adquirió un campo que puso a nombre de una sociedad anónima, cuando la ley aún lo permitía.
El directorio de la sociedad se integró con el marido, su mujer y un familiar de ella, un tipo macanudo. Un mal día, la mujer y su pariente, mayoría en el directorio de tres, vendieron el campo y el dinero desapareció.
El cónyuge burlado, si se mueve bien, tal vez pueda demostrar al señor juez que fue una maniobra fraudulenta en su perjuicio, pero difícilmente se reúna algún día con su dinero, que es más veloz que la Justicia.
Y la Justicia tampoco es del todo ciega.
Cuando la parte que parece perjudicada es una mujer, resulta relativamente común que en los Juzgados de Familia, que suelen estar liderados por mujeres, se muestre empatía con el bando en apariencia más débil, sostiene un experto en temas de esta índole.
Es el beneficio de la duda: in dubio pro reo. Puede ser útil para mejorar el reparto de bienes o el monto de la pensión alimenticia.
HIT ON THE ROAD. Y no solo los ricos se engañan con el dinero, o se separan a las trompadas.
Quienes tienen bajos ingresos están a mil leguas de la ingeniería financiera back to back que montó Santiago para embromar a Cristina. Pero los pobres pueden pelear por un celular con dos funciones nuevas que nunca usarán, por una heladera de la que aún resta el pago de 13 cuotas o por defender su vivienda a dentelladas.
Eduardo, un uruguayo emigrado a Nueva York, fue echado de su casa por su esposa con el respaldo intimidatorio de su nuevo amante. Hit the road, Ed. Lo echó del modesto apartamento que arrendaban en Brooklyn, que ambos habían alhajado, y no pudo llevarse ni la tostadora.
Eduardo durmió varios días en su automóvil hasta que un compatriota le prestó su altillo. Claro que un día en que ella lo recibió en el apartamento para arreglar algunos asuntos él aprovechó para tirar el televisor por la ventana. A ella le gustaban mucho las telenovelas mexicanas.
EL ODIO ES APROVECHABLE. Juan, un hombre de mediana edad, se separó de su esposa y se quedó con el apartamento en el Centro que debe pagar al Banco Hipotecario per saecula seculorum
. Y se quedó con él de la forma más simple: se atrincheró paciente y apostó a que el odio de su mujer, tan intenso, la llevaría a irse sin reclamar la vivienda, aunque luego lo intentara por vía judicial.
Juan también se quedó con la contraseña de Facebook de su esposa, a quien aún espía rigurosamente.
Claro que ella se llevó el auto, que estaba a nombre de los dos, más un montón de valijas y los objetos más preciados que cabían adentro. También vació la cuenta bancaria.
Sus dos hijos se los repartieron a medias: el menor con ella, el mayor con él.
Y también están los otros, los buenos, que se marchan de casa dejándoselo todo a su pareja: por generosidad, por desesperación, por saldar aunque sea en parte una culpa.
REGÁLAME, MI AMOR. Otra forma de engaño que implica vaciar una empresa (para robar al cónyuge que tarde o temprano reclamará su parte) es comprar servicios a una firma que está radicada en Panamá, por ejemplo, y pagarle grandes sumas o contraer deudas con ella, inflando los gastos aunque no haga otra cosa que atender el teléfono, ocuparse de la correspondencia y el marketing, mantener la página web al día y cosas así. El dinero que se le gira será devuelto por alguien de confianza.
Ciertos hombres y mujeres, como buenos corredores de bolsa, distribuyen el riesgo en varios bolsillos: algunos bienes a su nombre, los menos; otros a nombre de su pareja; otros en sociedades anónimas (aunque ahora, por ley, ya no pueden ser innominadas); padres, hijos, hermanos o testaferros; por dentro y afuera del país.
Y si llega el tiempo de las riñas y disputas matrimoniales, que a veces llega aunque no siempre, porque hay muchos matrimonios que no riñen hasta romper y hay separaciones honestas, entonces el marido o la esposa, tanto da, tendrá su dinero y su refugio a salvo.
Ocurre que cuando un matrimonio se va a pique la parte que no percibe ingresos, en general la mujer aunque no siempre, comienza a pedir regalos: una casa, un auto. Es una forma de asegurarse un patrimonio mínimo.
De todas formas, hoy en día, cuando tener y mostrar es más importante que ser, los matrimonios de clase media-alta para arriba suelen firmar cláusulas de separación de bienes.
No es cuestión de regalar en un mal divorcio los símbolos de estatus y la plenitud material.
QUÉ SORPRESA, QUERIDO. Quienes no viven de una empresa sino de un salario suelen utilizar dos caminos básicos para engañar a su pareja si prevén un divorcio, o si tratan de llevar una doble vida.
El camino clásico es cobrar parte del salario en negro. Hay un recibo formal que se muestra en casa, y los ingresos no declarados engrosan alguna cuenta, financian vicios inconfesados o mantienen a un/una amante.
De todos modos, el sistema del Estado para recaudar impuestos es cada vez más perfecto gracias a las computadoras y al cruce de información, por lo que los ingresos en negro se han reducido sustancialmente en la última década.
Otro recurso para burlar a la pareja es autoembargarse el sueldo con un crédito a largo plazo.
Sorpresa querido/a: no me queda dinero para pasarte (aunque el dinero pedido a crédito se mantenga escondido. Es caro por el pago de intereses, pero algo es algo).
Algún cónyuge que planea una separación, y que sabe que será nada amistosa y que habrá trifulca por cuestiones materiales, le firma un vale a un viejo amigo como si éste les hubiera prestado una fuerte suma de dinero.
El amigo le hace un embargo genérico sobre todos los bienes: casa, auto o lo que sea. Si encima pactan intereses que no se pagan, la deuda pronto se vuelve enorme. El cónyuge chasqueado quedará tan desnudo como un ciprés calvo en invierno.
"A veces uno no puede creer lo que ve -concluye un abogado-: acciones y reacciones ilógicas, agresiones físicas y morales, sin considerar el daño que se hace a los hijos o el dinero que se gaste en abogados. El objetivo es simple: destruir al otro".

Casos de doble vida, vicios inconfesables

Los vicios son una causa de infidelidad financiera particularmente oscura, porque la parte engañada percibe el empobrecimiento gradual, de la pareja y del bolsillo, y no siempre sabe por qué.
Claro que a un borracho se le nota el vicio, pero el jugador suele ser ladino y mitómano, además de sórdido.
Es el caso de la señora de la calle Rio de Janeiro, en Lagomar, que decía perder el dinero que llevaba para las compras, o que se lo habían robado, cuando en realidad se jugaba cada peso a la quiniela. Una vieja timbera.
Y también está el caso de Alfredo, que se retiró con un hermoso apartamento, una casa en Punta del Este y 600 mil dólares en el banco (de los dólares de hace una década, no de los devaluados de hoy día).
Al cabo de unos pocos años Alfredo lo había perdido todo, salvo el apartamento, cuyos gastos comunes ya no paga. Su esposa, que jamás trabajó, lamenta la mala suerte de su marido en los negocios, pobrecito.
El pobrecito en realidad es un consumista pertinaz y un jugador irreductible. Es un ludópata, porque los calificativos varían según la clase social del implicado. En pocos años este señor ludópata dejó en tiendas y casinos todo el dinero que le aseguraría, junto a su mujer, una vejez holgada.
Los casos de doble vida son tantos como la imaginación admite.
Hay demasiadas veces que los hombres, al morir, dejan al descubierto una trama maldita: una segunda mujer de larga data que aparece el día del velorio, hijos fuera del matrimonio, deudas o activos insospechados, viviendas, autos y mascotas mantenidas en la clandestinidad.
Mejor fue la situación que dejó otro difunto quien, para sorpresa de su familia, poseía depósitos y bienes por muchos millones de dólares mientras llevaba una vida de perfil bajo.
Pero este caso, uno de avaricia, es una excepción minúscula en el océano de los disimulos y las puñaladas mortales.

PERSEGUIR BIENES

Mentiras y el final del día

No es tan fácil robar los bienes de la pareja, y no siempre le sale bien a quienes lo hacen.
"La mentira tiene patas cortas", afirma el abogado Carlos Brandes, del Estudio Guyer & Regules: "Aunque se escondan activos, al final del día, si se investiga bien, se puede saber dónde están".
Brandes, quien es socio del Departamento Contencioso de Guyer y Regules y se especializa en Derecho Civil y Procesal, dice que "en Uruguay existen herramientas jurídicas" para perseguir los bienes ocultos. "Se pueden investigar sociedades anónimas, ingresos no declarados, levantar el secreto bancario. Y las acciones simulatorias permiten perseguir un bien que está a nombre de otra persona".
Los ingresos en negro, esos que permiten llevar una doble vida o ahorrar por fuera del matrimonio, pueden probarse a través de los gastos de una persona: uso de tarjetas de crédito, viajes, compra de automóviles u otros bienes. El modo de vida, obtenido mediante el cruce de información, puede demostrar que una persona gasta más que lo que dice un frío recibo de sueldo.

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